El Circulo de Adam III

Mi abuela María adoraba el baile del charleston. Mi padre cuenta la historia de que su madre se escapaba de su casa paterna por las noches con su hermana para ir a bailar charleston. En los años 20  era el baile prohibido. Las mujeres habían abandonado los vestidos largos y encorsetados para ponerse una ropa más ligera y que respetaba la figura natural femenina. Con ese nuevo atuendo las jóvenes salían a bailar,  a moverse libre y alegremente.  No es difícil imaginar porque le llamaban  el baila salvaje. Me han llegado fotografías de la época de ella y tenía una belleza muy femenina, sensual e inteligente. Tengo varios recortes de diario con fotografía suyas,  tomadas al azar por un periodista de la calle. Ella era sofisticada y cosmopolita. Había sido educada para ser una señorita de la clase alta y tenia una elegancia muy trabajada. Seguir las buenas costumbres en la mesa es algo que cultivó hasta el final de sus días. Ella se vestía y se arreglaba cada noche para cenar. Aunque estaba ausente la mayor parte del tiempo, algo de ella suave y sutil impregnaba sus movimientos. En su mundo interior guardaba algo de aquella joven que se escapaba para bailar el charleston. Sin embargo esa suavidad se tornaba especialmente dura y severa al instante. Uno no se sentía a salvo cerca de ella.

Mi abuela Felicidad nunca ha sido una mujer sofisticada. Aún hoy en día es una mujer discreta y presente. A veces uno no se da  cuenta que está en la misma habitación pero de repente participa de una conversación aunque solo sea levantándose, moviendo algo de lugar y dirigiendo una mira penetrante y profunda que parece comprender algo verdadero  de la situación que se está viviendo. Cunado era pequeña una vez la reté a hacer una carrera cuando la acompañaba a llevar las vacas al campo, ella se reía de mi y me decía: ” hija tu eres pequeña, yo una vieja quien crees que va a ganar”, yo me reía y le decía “pués yo”. Recuerdo que de repente una vaca se fugó del rebaño y mi abuela empezó a corre detrás ella, yo intenté alcanzarla pero fue imposible. Unos días después la abuela vino enfadada y me decía “vosotros os creéis muy listos porque sois de ciudad pero no sabéis plantar ni una patata!!”. Reconozco que la simpleza y certeza del razonamiento me dejó absolutamente pasmada.

Felicidad dicen que era muy bella cuando era joven. La historia más atrevida que nos a llegado de su juventud es la de cuando se iba con su amiga Paula a bañar desnuda al río. La amistad con Paula duró hasta que ésta murió. Felicidad  sabe tejer lazos con las personas. Uno siempre se siente a salvo a su lado. Aunque no sabe permanecer, es esquiva e imprecisa.

La abuela María no pudo conservar ningún afecto. Acabó distanciada de su familia de origen y enfada con esa hermana con la que se escapaba a bailar.

María y Felicidad fueron las madres de mis padres. Cada una a su manera participó en la formación mental, emocional y espiritual de mis padres. Cada uno de ellos tomó lo mejor que pudo de ellas. Mi madre es una mujer práctica, sensual y certera. Su belleza viene de esa capacidad para contentarse  con las cosas simples. Su sensualidad esta muy domada y ha tomado la forma de afecto sincero y profundo, eso sí, no hay que decepcionarla ni un poquitín… Mi padre es un hombre elegante y sofisticado que se asusta fácilmente ante los arrebatos de naturalidad. Todo lo que suena a natural, como las funciones del cuerpo le producen un gran fastidio. Sus corazones se unieron en algún momento para dar lugar a la familia que me vió nacer.

Esta es una historias como la de miles de millones de historias. Analizar la propia historia familiar sirve para comprender que  nuestros ancestros nos dejaron una enseñanza. Esa enseñanza es un mensaje que uno debe estar preparado para escuchar, aceptar y honrar. Es la manera de retornar a la propia raíz, encontrar paz y no errar el camino.

En un mundo tan agitado como el de hoy es importante tener bien los pies sobre la tierra y la cabeza quieta sobre los hombros. Ese es el mensaje de Felicidad que a sus 95 años sigue susurrando a las plantas y estallando en carcajadas ante los arrebatos infantiles de sus bisnietos: “que te han echo pequeño…” les dice suave y tercamente  mirándome fijamente. Son muchas las enseñanzas de Felicidad y todas tienen que ver con la larga vida.

La abuela María me enseñó la importancia de saber perdonar. El renco y el odio pueden malgastar una vida entera.

La belleza superficial es asfixiante, sin embargo esa belleza que nace de las entrañas, de lo natural y simple es fresca y duradera.

En estos días voy a darte tics para que puedas contactar con tus ancestros, puedas sentir su presencia y comprender su mensaje, el que le va a dar sentido a tu vida.

No te lo pierdas.

De momento te aconsejo que hagas el entrenamiento de Regeneración Energética del CMEM.

También puedes escuchar el audio de Remover el Karma

 

Un saludo

Cristina Piera

 

Si te gustó a historia de deja un comentaría para la comunidad.

The following two tabs change content below.
Terapeuta del sonido. Coach. historiadora. Escritora del libro "Edición mental. la ley de la creación" best-seller en amazon. www.cristinapiera.com

Latest posts by Cristina Piera (see all)

Comments

comments

468

1 Comment

  1. Gracias por q lo aplicó a mi vida y pensé q eran cosas locas de mi razón…

    Reply

Submit a Comment

Your email address will not be published. Required fields are marked *

You may use these HTML tags and attributes: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>