[capitulo final] La historia de RQ

Capitulo Final. La historia de RQ

6 de Agosto de 2017

Esta es una noche especialmente cálida y transparente. Estoy en una cabaña en medio de la montaña, con Lucía  durmiendo en una cama improvisada en el suelo.

Desde ayer en la tarde hasta  esta noche han pasado muchas cosas. En realidad todos estos acontecimientos han transformado completamente mi visión de la vida. Está claro que ya no soy el mismo. Mi mente  y la manera en la que proceso el entorno ha cambiado.

Ayer en la tarde Lucía había armado una cita con Don Paco y la persona que decía que había conocido a mi abuelo Juan Manuel.  No creo en las casualidades. Soy Físico cuántico y para mi todos es causal. Aunque la palabra sea parecida hay una diferencia abismal. Por eso me sorprendí cuando  esa persona que iba a develar parte de mi historia familiar era la niña que tocaba el piano en la casa donde trabajaba mis abuelos maternos. Esa niña que mi madre se quedaba escuchando anhelando ser ella la que recibiera esas lecciones. Esa niña   que ahora se había convertido en una mujer mayor de 70 años. En realidad tengo que decir que yo suelo llamar ancianos a la gente de esa edad pero a doña Ana no se le puede llamar así. La verdad es que la mujer emana una vitalidad y jovialidad muy especial.  Nos reunimos en la antigua casa señorial del pueblo. La misma en la que trabajaban mis abuelos. La mujer me recibió con un fuerte abrazo y tras un largo suspiro dijo “así que tu eres el nieto de Don Juan Manuel Quantum. He esperado mucho tiempo a poder contar esta historia.”

Los tres: Lucía, Don Paco que se había unido al club detectivesco y yo caímos en el sofá totalmente absortos en la mujer, como si nos fuera a desvelar un misterio ancestral del tipo el Triangulo de las Bermudas o el origen de las pirámides egipcias… y por lo que a mi se refiere no era para menos.

Doña Ana nos preparó un té. Se acomodó en el sofá y empezó a hablar: “ Tu abuelo y Mi padre eran buenos amigos. En realidad mi padre, después de la guerra no confiaba en absolutamente nadie excepto  Don Juan Manuel con el que se reunía asiduamente para pedirle consejos sobre los asuntos del pueblo. Ya sábeis que cuando acabó la guerra los que lucharon del bando ganador aprovecharon para vengarse de aquellas personas por las que no tenían simpatía sin tener demasiado en cuenta su participación.” En este punto don Paco quiso intervenir sin que Doña Ana le diera oportunidad. Una  mirada bastó para frenarle. “Don Juanma era una persona que a primera vista parecía simple. Un hombre de campo fuerte y con ciertos modales, pero nada que llamara la atención, pero a medida que uno se acercaba a él podía sentirse totalmente seguro y a salvo a su lado. Su presencia lograba envolver todo un ambiente. Allí donde él estaba nunca había conflictos, su mirada lo abarcaba absolutamente todo y a todos. Era uno de esos líderes anónimos de los que sabe quedarse  atrás sin reclamar ni un poquito de protagonismo…” En este punto Doña Ana se quedó absorta con la mirada perdida en el pasado y la traje de vuelta al preguntar si sabía donde estaba enterrado mi abuelo. En ese momento su estado cambió rotundamente. Se puso de pie y empezó a caminar de un lado a otro de la sala. De repente paró en seco y dijo. “Vamos por partes, enseguida llegaremos a ese momento. Tu abuelo era un hombre muy especial. Tenía un conocimiento innato de la naturaleza humana. También conocía muchas plantas medicinales, y muchas personas cuando se enfermaban lo consultaban a él. Mi padre le pidió que me enseñara durante un verano cuando yo tenía trece años. El verano siguiente no puede seguir mi instrucción porque murió… Ese fué el mejor verano de mi vida. Sus alumnos éramos 3: Guillermo, el hijo de Don Fermín, Felipe, el hijo de Bernardo y yo.” Doña Ana Volvió a Hacer una pausa en la que su mirada se quedó fija y serena en un punto, pero totalmente ausente y desprendida de nosotros, como si no estuviéramos.  Don Paco aprovechó para sacar una libretita y empezar a anotar cosas bajo la mirada condescendiente de Lucía que suspiró como si no tuviera remedio: “no puede despegarse de su blog de notas, allá donde va lo anota todo, todo todo…” Me dijo.

Mi abuelo que nunca había estado presente en mi vida más que como un dolor de cabeza, había entrado en mi corazón como si de una flecha se tratara. A momentos sentía como si una parte de mi hubiera estado muerta y ahora empezaba a revivir. Saqué a Doña Ana de su ensimismamiento con la siguiente pregunta “En qué consistía su entrenamiento” . Doña ana me miró y sonrió. “Salíamos a la montaña a buscar plantas medicinales. También  Hacíamos ejercicios imitando las posturas de los animales y sus sonidos. Hacíamos fuegos en la montaña y don Juanma tocaba el tambor y una flauta. En realidad ese verano era el inicio de una instrucción que tenía que durar muchos más años. Por desgracia no pude llegar más allá. A todo esto tengo que decir que don Juanma no cogía a cualquier chico como alumno. Él los escogía y nos hacía prometer no contar nada a nadie de lo que hacíamos con él. Pero han pasado más de 60 años y los tiempos han cambiado… por eso lo revelo.” “Cómo murió Don Juanma ¿doña Ana?” preguntó Lucía muy sutilmente. Doña Ana bajó la mirada y su rostro se entristeció enormemente.

“A don Juanma le encantaba la música, en las fiestas populares del pueblo siempre había un momento en el que él y su buen amigo don Jimeno venían a tocar. Don Jimeno tocaba el violín y don Juanma la Flauta y el tambor. Los dos juntos hacían un dúo muy especial. Lograban  poner a las personas en un estado muy bonito. Inducían experiencias únicas con su música. También tocaban en reuniones privadas muy especiales aquí, en esta casa… Una vez mi padre les pidió que vinieran a tocar, cuando llegaron, don Jimeno, el amigo de tu abuelo se empezó a poner nervioso y dijo que no era buena idea tocar allí, empezó a hablar de presentimientos y le suplicó a tu abuelo que se fueran. Tu abuelo, se puso muy serio, nunca lo había visto así. Éramos un grupo de 10 personas y se dirigió a todos nosotros para disculparse e irse. En ese momento uno de los del grupo, el coronel Otila se enfadó y empezó a gritar que esos dos payasos le estaban tomando el pelo. Mi padre le pidió porfavor que tocaran algo rápido y se fueran. Don Juanma aceptó bajo la mirada impotente de Don Jimeno. Se pusieron a tocar, una canción bella, muy bella. Tu abuelo pareció entrar en una especie de trance bajo la mirada atónita de don Jimeno. De repente  el general Otila sacó su revólver y pegó un tiro al techo. Todos gritamos y tu abuelo se quedó con los ojos desorbitados… salió corriendo con su amigo Jimeno detrás suyo. Esa fué la última vez que lo ví… Después de eso se dijo que tu abuelo había tenido un accidente en la cueva de Altamira y había muerto.”

En ese momento  mi corazón empezó a palpitar rápidamente,

empecé a sudar y a marearme hasta que finalmente un chispazo en mi cabeza me dejó atónito por un momento. Todos los allí presentes parecieron alarmarse, pero enseguida recuperé la compostura. De repente me vino una premonición, Don Jimeno era el hombre del rostro en el espejo… Yo había cogido la fotografía de boda de mis padres  que la llevaba en mi cartera, así que enseguida la saqué y se la enseñé a doña Ana. Y Efectivamente, ella confirmó mi sospecha.

Nos despedimos de doña Ana y una vez en la calle se produjo un silencio muy profundo que nos envolvió a los tres. Don Paco se fué a su casa, decidido a indagar más sobre la historia chamánica de Cantabria. Era por la tarde, la hora del crespúsculo justo antes de anochecer, entonces Lucía me preguntó “¿Me lo vas a contar todo?” “a qué te refieres” contesté. “Tu no has venido aquí a visitar la tumba de tu abuelo ¿Quién era el hombre de la fotografía? ¿Por qué has venido?” Con el poco tiempo que habíamos pasado juntos Lucía  me parecía extremadamente cercana, y si, lo suficiente como para contarle toda la historia desde principio a fin; empezando por el rostro en el espejo. Sabía que corría el riesgo que me tratara de chalado y se despidiera de mí con “un hasta luego, ya nos veremos… ejemmm” pero por lo que a mí respetaba necesitaba contárselo, así que le pedí que fuéramos a algún lugar discreto. Está claro que la idea de discreción que ella y yo teníamos era muy diferente, porqué me llevó al Pub Inglés más concurrido de la zona. Al ver mi cara me dijo mientras me guiñaba un ojo “no pensarás que me voy a ir con un posible chalado al medio del bosque, verdad?” de esa manera, en medio de un montón de Ingleses y Alemanes, medio borrachos con pintas de cerveza le conté la historia de principio a fin. Para mi sorpresa, Lucia me escuchó prácticamente sin pestañear. Me cogió de la mano y me sacó del pub. Nos subimos a su coche y me trajo a la cabaña donde ahora estamos. Eso fué ayer por la noche… la más extraña de mi vida hasta ahora.

 

La cabaña es un lugar pequeño y acogedor de una sola pieza con baño. El salón-cocina-habitación  es muy espacioso y tiene grandes ventanales desde donde se aprecia toda la belleza característica de esta zona de mar y montaña. Yo no sabía muy bien cómo interpretar su repentino cambio pero me invadía una increíble seguridad. De alguna manera tenía la absoluta certeza de que ella sabía lo que estaba haciendo y no dudaba ni por un momento de que me fuera a perjudicar.

Cuando entramos a la cabaña ella se puso muy seria y me dijo que ahora le tocaba a ella sincerarse. Su Historia no es para menos… Al parecer en el último año había empezado a escuchar un sonido muy extraño dentro de la cueva de Altamira. Eran sonidos sincrónicos, a veces agudos, a veces graves y con diferentes frecuencias. Había intentado indagar con otros colegas para ver si alguien más los escuchaba pero no. Era la única. Una vez que se quedó dentro de la cueva se puso a meditar y al parecer se quedó dormida. Dice que en segundos tuvo un sueño muy real en el que pudo ver una escena que había ocurrido allí en esa misma cueva, hace 30.000 años. En esa escena se veía una mujer liderando una ceremonia. Había un fuego y unas 10 personas alrededor del fuego. De repente empezaban a salir chispazos del fuego. Los allí presentes se asustaban mucho y en un momento la mujer se dirigió a Lucía y le dijo “tienes que buscar la manera de sacarlo de aquí, solo uno de los suyos puede hacerlo. Tu tienes que encontrarlo”.

Después de que me contara esa historia nos quedamos mirando en silencio un buen rato. Nuestras miradas se encontraban entre un interrogante de “¿somos dos chalados? ¿estamos descubriendo algo que no podemos abarcar con nuestra inteligencia?” seguidas de un silencio profundo y acogedor que lo abarcaba todo y le daba sentido a todo. En ese silencio los dos sabíamos lo que pasaba pero ninguno de los dos se atrevía a romperlo porque los interrogantes eran todavía muy poderosos. Y en uno de esos mágicos momentos silenciosos apareció un coche en medio de la noche. Nos levantamos y fuimos a recibirlo sabiendo que nos iba a aportar alguna pista más sobre el próximo paso a seguir. Efectivamente. Del coche salió el hombre del rostro en el espejo… se dirigió a mí, amablemente y se presentó “soy Don Fermín, nieto de Don Jimeno. El amigo de tu abuelo. Ha llegado el momento de traerlo de vuelta.” Lucía y yo entramos temblando a la cabaña seguidos por ese hombre que no nos otorgaba absolutamente ninguna duda de que  tenía todas las respuestas.

 

Nos sentamos los tres alrededor de la mesa que había justo al lado de la ventana. Don Fermín, corrió la cortina y su mirada profunda y sincera pasaba de mis ojos a los de Lucía. Finalmente asintió con la cabeza, como si hubiera llegado el momento solemne de develar un secreto que llevaba demasiado tiempo guardado en su interior. A mi ese hombre me producía una mezcla de emociones que oscilaban entre la familiaridad y la extrañeza. “Ya conocéis  parte de la historia del día en que tu abuelo desapareció” Dijo con absoluta certeza, como si hubiera seguido nuestros pasos. “Cuando el general Otila disparó en casa de los Vermudez, tu abuelo había entrado en un trance como solía hacer en algunas ocasiones para guiar el espíritu de las personas del lugar hacía la luz. Don Juanma tenía un don muy especial como guía. Nadie, absolutamente nadie en generaciones lo había igualado, me contó mi abuelo Don Jimeno… pero también tenía un enemigo que era la osadía que en algunos momentos rayaba la imprudencia. Ese día tu abuelo quería guiar a almas muy oscuras, demasiado oscuras y cuando el general Otila disparó, tu abuelo entró en estado de shock. Salió corriendo hacia la cueva que era su refugio, como el de todos los de nuestro clan, supongo que pensaba que allí podría recuperar su estado vital. Mi abuelo corrió tras él para ayudarlo. Pero Don Juanma era muy rápido, demasiado, mi abuelo no pudo alcanzarlo y cuando llegó a la cueva tu abuelo había resbalado por el precipicio y se había desnucado. Mi abuelo se sintió totalmente consternado, amaba a Don Juanma, eran amigos desde chicos y sus vidas estaban totalmente unidas. Dice que cogió su cuerpo  lo incineró esa misma noche, como era costumbre entre los suyos. No dijo nada a nadie porque no quería que enterraran su cuerpo en el cementerio, pero cometió un error gravísimo….” En este punto yo estaba demasiado nervioso para poder conciliar esta historia. Una nube oscura se empezó a cernir sobre mi mente, algo poderosamente hostil y fuerte empezaba a irrumpir desde dentro de mi cuerpo. Don Fermín se levantó y sacó algo de su bolso. Era una especie de hierbas que se puso a cocinar mientras yo estaba luchando con esa oscuridad que me empezaba a envolver bajo los ojos desbordados de Lucía. Finalmente Don Fermín preparó un brebaje que me dió y calmó todo mi dolor de una forma milagrosa. “No nos queda mucho tiempo” Dijo y prosiguió su historia. “Hay fuerzas muy poderosas en juego. El alma de tu abuelo se quedó perdida en la cueva y está buscando la forma de regresar. Durante años mi abuelo estuvo intentando ayudarle pero al quemar su cuerpo le fué imposible a Don Juanma encontrar la salida. Finalmente se dió cuenta que solo alguien con su mismo ADN podría hacerlo. Es la forma de que su alma reconozca el cuerpo en esta vida y pueda regresar a la fuente. Por ahora tu abuelo deambula en otras dimensiones en las que tiempo y espacio se mezclan”. Voalá!!! aquí me dió un vuelco la cabeza y mi mente científica de físico cuántico empezó a trabajar con las teorías de mundos paralelos y viajes en el tiempo que hacía unos cuantos años empezaban a circular por los medios académicos.” Bueno”  dije, sin ninguna duda. “Y cual es la manera de traerlo de vuelta”. “Con el Sonido” contestó. Lucía enseguida se levantó excitadisima “Si, con los sonidos que yo escuchaba en la cueva!!!!” “Exactamente, tienes que reproducir esos sonidos porque son las ondas de frecuencia en las que se encuentra tu abuelo. Tu vas a tener que escucharlos y vibrar en esa frecuencia para que él pueda reconocerte y encuentre la salida a esta dimensión espacial desde donde tiene que regresar a la Fuente.” Aunque suene rebuscado yo comprendí absolutamente todo. El sonido es una unidad básica que transporta información muy importante. Solo había un problema ¿Cómo íbamos a reproducir esos sonidos? Don Fermín dijo que necesitaba hipnotizar a Lucía para que reprodujera esos sonidos con su propia voz. Pero antes tenía que tomarse una hierba sagrada. Las mismas que yo me había tomado. Después de eso empezó a explicar “tenéis que cogeros de las manos muy fuerte para que te transmita las vibraciones a ti y puedas contactar con la dimensión en la que se encuentra tu abuelo… te aviso, va a ser muy fuerte y poderoso lo que vas a sentir, pero tienes que resistir. Si no lo haces corres el riesgo de que tu energía, al igual que la de tu abuelo y la de tus padres se pierda para siempre en esa dimensión… ya no quedará nadie de los tuyos para rescataros.” Cierto. No tengo hijos. La muerte de mis padres también estaba relacionada con mi abuelo ya que éste consume nuestros recursos energéticos a través del ADN que une a nuestro sistema familiar, para buscar la salida. Nos acabó de explicar don Fermín.

Lucía tomó el brebaje y Don Fermín sacó un tambor que empezó a tocar lentamente. Lucía y yo empezamos a sudar y nuestros ojos brillaban como nunca. En un momento don Fermín se levantó y le puso la mano en la cabeza a Lucía. Ésta cerró los ojos de inmediato y empezaron a salir  unos sonidos muy extraños de su garganta. No creo que ninguna voz humano en estado normal sea capaz de reproducir sonidos parecidos. Le cogí de las manos y sentí como si todo mi cuerpo se volviera luz. El cuerpo de lucía también estaba iluminado. Absolutamente todo tenía luz. Pude ver y sentir con mis propios ojos la unidad básica de toda matería, ver cómo se convertía en Luz que iba cambiando de colores gradualmente. En ese momento sentí una alegría inmensa y una paz indescriptible que fué interrumpida brutalmente por un nubarrón oscuro y atroz. De ahí empezaron a sonar gritos y llantos de desesperación. Era como si todo el dolor, la violencia, la crueldad y la desesperación del mundo estuvieran contenidas ahí. Me sujeté a Lucía con mucha fuerza. Los dos nos convertimos en una especie de roca… pero en un momento ví como Lucía empezaba a descomponerse y el pánico se apoderó de mí. Entonces recordé que debía resistir. No podía dejar que el miedo y la oscuridad me atraparan porque sino podría perderme para siempre entre las tinieblas. Aguanté hasta que finalmente la Vorágine empezó a retirarse poco a poco hasta que llegó la total y absoluta calma. Entonces apareció un punto de luz  que trazó un pequeño círculo y como si de una puerta se tratara empezó a abrirse hasta que finalmente pude ver a través de él a mis padres junto con mi abuelo y mi abuela. Los cuatro se abrazaban y reían. A mi me embargo una emoción indescriptible… No, no hay palabras… Entonces ellos se dieron la vuelta y con todo el amor del mundo se despidieron de mi. En ese estado de profunda conexión amorosa empecé a escuchar el sonido de un tambor y todo a mi alrededor volvió a tomar la forma de siempre. Lucía estaba tumbada en un colchón en el suelo y don Fermín Tocaba el tambor. Cuando vió que yo había vuelto al estado ordinario de conciencia paró en seco. Se levantó y empezó a cocinar otras hierbas. Me las dió y me dijo que descansara. Había pasado un día entero desde el momento en que empezó el trance. Después de eso. Se despidió de mí con un fuerte apretón de manos. Sabía que iba a volver verlo.

 

26 de Agosto del 2017

Han pasado 20 días desde la última vez que escribí en el diario. Estoy de vuelta a Barcelona. Tengo que preparar las clases para este semestre que empieza en septiembre y ya no voy a poder volver a explicar la física quántica de la misma manera.

Lo que pasó después de aquella noche fué mágico, íntimo y bello. Cuando Lucía se despertó estaba  bellísima, me senté a su lado y empezamos a besarnos. El trance de amor, caricias y besos duró 20 días hasta ayer, que no me quedó más remedio que volver a mi vida cotidiana y tomar el tren de vuelta a la realidad. ¿Hasta cuando? no lo sé.

 

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1 Comment

  1. Me gusto mucho la historia. Muchas gracias. Hace unos dias quise comprar el libro de Edicion Mental. La ley de la creación en Amazon pero no pude, al parecer no puefo comprar pir Amazon ya que vivo en Guatemala. ¿Habra otra forma en que pueda adquirir este libro?

    Gracias,

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