capitulo 3: La historia de RQ

Capitulo 3: La Increible historia de RQ

26 de mayo del 2017

No me puedo creer lo que me ha pasado. Ayer decidí iniciar mis clases de piano. Fuí a un profesor que me recomendó mi buen y único amigo el profesor Ken Ria. Me dijo que era un señor mayor algo excéntrico pero que estaba seguro de que me gustaría bastante. Me contó que este señor primero tiene una entrevista con el alumno y luego decide si lo acepta o no. A mi me pareció bién. Tampoco era de vida o muerte  retomar mis clases de piano, así que decidí ir tranquilo, como normalmente soy.

Bueno. la entrevista consistió en sentarme con el profesor a tomar un café y charlar un rato. Después de hablar distendidamente durante unos 20 minutos el profesor se puso a tocar el piano y en un momento pude ver como su rostro se transformaba y se convertía en el mismo rostro que ví en el espejo el otro día

Aiiiix me asusté. El profesor dejó de tocar y me preguntó qué me pasaba. Yo le contesté que nada, pero estaba mareado y completamente taquicárdico. Entonces se fué y volvió al cabo de un rato y me dijo que mi mente estaba muy agitada y que de esa forma era muy difícil que yo llegara a avanzar en mis lecciones de piano. Es más pensaba que probablemente sería una sobrecarga para mi y que lo mejor era que vaciara mi mente de pensamientos. Igualmente me dió cita para de aquí 2 semanas.

 

7 de junio del 2017

Estos días me ha dado por recordar mi infancia. Me imagino que ha sido la idea de retomar las clases de piano. Mi madre estaba empeñada en que aprendiera a tocar. Era su sueño frustrado. No paraba de explicarme que cuando era pequeña mis abuelos trabajaban al servicio de una familia rica y ella iba muchas veces a ayudar y casi siempre coincidía con las lecciones de piano de la señorita de la casa. Ella me contaba con una intensa emoción de anhelo, que se quedaba escuchando, completamente hipnotizada y encantada con el sonido del piano. Ella quiso darme lo que no pudo tener… mis padres se esforzaron mucho para que yo tuviera una buena educación. Mi padre solía decirme

“Rodrigo: A todos nos resulta muy fácil quejarnos por la vida, echarle la culpa a las circunstancias y conformarnos con la mediocridad. Lo cierto es que tu has nacido con un inmenso potencial para desarrollar…

Lo que  pasa es que no confiamos en nosotros mismos y perdemos la capacidad innata que los seres humanos tenemos para el crecimiento y evolución. “

Mi padre era mecánico y siempre fue un gran entusiasta de la ciencia. Se compraba revistas científicas y le encantaba hablar de los descubrimientos sobre el cerebro y la neurociencia con mi madre que aprendió el arte de hacer ver que escuchaba interesada cuando en realidad se aburría enormemente. Pero a mi si que me interesaba. Me gustaba el entusiasmo que mi padre le otorgaba al conocimiento y a la ciencia. Uno de los días más felices de su vida fue cuando ingresé a la universidad de física cuántica.

 

2 de junio de 2017

Volví a las clases de piano. El profesor es un hombre realmente peculiar. A primera vista parece un hombre muy común, pero a medida que se pasa un rato con él su aspecto cambia, se vuelve muy versátil. Cuando estoy con él me suceden cosas un poco extrañas. La vez pasada pude ver en su rostro el mismo rostro que yo había visto sustituyendo mi cara  en el espejo del baño mientras me lavaba los dientes. Esta vez mientras él tocaba el piano mi cuerpo empezó a temblar de una manera muy fuerte. No podía controlarlo y me iba a ir cuando él paró me hizo tumbarme y me dijo lo siguiente:

El cuerpo se enferma porque se enferma la mente. La mente se enferma, básicamente porque no quiere enfrentar sus miedos, y el verdadero problema es que el miedo hace estragos en el cuerpo-mente. Principalmente acaba con la capacidad comunicativa con el cuerpo y del cuerpo. Su cuerpo le habla y usted le habla a su cuerpo todo el tiempo. Los mensajes que su cuerpo le envía están destinados a que cambien su mente. Usted no escucha esos mensajes porque vive estresado, ansioso y con miedo.”

Yo quise protestar porque no soy muy consciente de ese miedo. Más bien me considero una persona, bastante tranquila, quizás algo triste y apática, en el sentido que no me apetece demasiado ir a fiestas, a pesar de tener la vida económica resuelta no sé en qué gastar el dinero… pero eso se debe más bien a mi rechazo por la sociedad de consumo!! El caso es que no dije nada. Le deje hablar y asentí como siempre hago con todo el mundo. No me gusta demasiado discutir. Me parece una pérdida de energía. Pero mientras volvía hacia mi casa mis manos empezaron a sudar, poco a poco sin saber porque, yo estaba completamente transpirado  llegué corriendo a casa y fuí al baño a lavarme la cara, entonces ocurrió otra vez el mismo rostro en el espejo. Esta vez un gran terror recorrió mi cuerpo. Sentí un miedo inmenso. No recuerdo haber sentido algo así en mi vida. Durante dos días no fuí a la universidad. Llamé para decir que estaba enfermo. Todos se sorprendieron ya que en 20 años no he faltado ni una sola vez. Me quedé dos días en la cama sin poder salir. Solo sudando y temblando. Realmente pensaba que había llegado mi fin. Por suerte los temblores fueron bajando.

24 de julio del 2017

Decidí estudiar física cuántica porque quería comprender el funcionamiento de lo que nadie ve. Me entusiasmaba pensar que dentro de esa realidad mecánica  y visible había una razón más profunda e invisible que aportaba sentido a todo. Cuando leí la frase del maestro Einstein de que “Dios no juega a los dados” supe que iba a ser un físico quántico.

Quería comprender la causa de todo en  el universo. Pero esa idea romántica tiene su contrapartida, porque a cada pregunta que uno logra responder, siempre le sigue otra y otra y otra y al final la búsqueda pierde sentido.

Cuando era pequeño mi madre se asustaba fácilmente con cualquier cosa que saliera de su estructurada normalidad. Siempre quería tenerlo todo bajo un control neuróticamente estricto. Revisaba todos los armarios de la casa, por lo menos dos veces al día, para asegurarse que nada había desaparecido o se había movido. La desgracia era que por lo menos 2 o 3 veces a la semana la oíamos gritar porque una toalla no estaba en su sitio o porque había desaparecido un pescado de la nevera. Mi padre siempre intentaba consolarla diciendo que probablemente se había despistado un segundo mientras ordenaba y lo había cambiado de sitio. Pero para ella eso era impensable y en su mente aparecían fantasmas del pasado que la perseguían. Esos momentos eran especialmente duros para toda la familia. Mi padre la miraba desconcertado sin saber como ayudarla.

Hace tres años murió mi padre una noche mientras dormía. Mi madre me explicó que se acostó antes de tiempo porque se sentía muy cansado. Por la noche ella se durmió a su lado y cayó en un sueño extremadamente profundo y confuso. Cuando se levantó vio a mi padre con una sonrisa inusual en su rostro y cuando trató de despertarlo fué imposible. Había muerto.

Mi madre murió 3 semanas más tarde. Una vecina me contó que había cogido un autobús para ir a ver a mi padre al cementerio y murió en el camino. Nadie en el autobús se dió cuenta, hasta que el conductor llegó al final del trayecto y vió a una mujer sentada con gafas de sol y un ramillete de flores. Dice que tenía una sonrisa en la cara y cuando se acercó se desplomó en el suelo, muerta.

Después de aquello no volví a casa de mis padres hasta ayer.

Cuando entré me recorrió un escalofrío por toda la columna vertebral, es una sensación que nunca había sentido. Recorrí la casa de arriba a bajo. Todo, absolutamente todo estaba igual que había estado toda la vida. Las toallas, la ropa, los utensilios de la cocina, el baño. Mi habitación… mi madre conservaba todos los trabajos de mi vida académica, desde el jardín de infancia hasta mi doctorado honoris causa de la universidad, clasificados en estanterías. ufffffff que decir!!!

Pero ahora llega lo terrorífico… entré a la habitación de mis padres y me sorprendió un cajón abierto de par en par. Eso no era normal. Fuí a cerrarlo, no quería fisgonear en su intimidad… y sorpresa!!! encontré un álbum de fotos y eso llamó mi atención. Había fotos antiguas de mi madre y mi padre cuando eran chicos. Se conocían de toda la vida. Eran vecinos del pueblo. Y en la fotografía de boda, esa donde están todos los invitados, lo vi… el mismo hombre del rostro en el espejo.

 

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Terapeuta del sonido. Coach. historiadora. Escritora del libro "Edición mental. la ley de la creación" best-seller en amazon. www.cristinapiera.com

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